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El entorno político curuzucuateño se ha visto sacudido en estos días por el “pase” de un concejal a las filas de enfrente. Eso que parece novedoso, no lo es en Curuzú Cuatiá y menos en las filas de los concejales justicialistas. No es la primera vez que al P. J. les sale un “borocotó” de su bloque del HCD.



Ahora bien, qué pasó después? Todo indicaría que saldrían ejércitos de puristas a denostar al traidor y pedir su cabeza; pero nuestra sociedad es tan rara que muchos han salido a elogiar su “salto”. Y eso no es lo preocupante. Lo más preocupante es acentuar la idea de que “el dueño del cargo es el concejal”. Así planteado, los nuevos candidatos y futuros concejales tienen la libertad justificada por ríos de tinta, de saltar para un lado o para el otro, según le guste o no las decisiones de los partidos a los que pertenecen.

Frente a esta situación nueva de “elogio a la traición” debemos ver con ojos distintos la decisión de los dirigentes colocando en los cargos más influyentes a sus familiares y amigos cercanos. Así verían menos probable el “salto” y sin dudas podrían estar más tranquilos. Para ello basta con dar una vueltita mental por los cargos locales y provinciales y lo comprobarán, amigos y familiares inundan dichos cargos.

Las campañas están comenzando, hay muchos flashes encendidos y muchos micrófonos abiertos. Ahora bien, en unos meses se abran terminado las campañas…

Se apagarán los flashes y se cerraran los micrófonos… Quedará el recuerdo de este “pase”.

Quien escribe, no tiene dudas de que no desea ese mote de “traidor” para el resto de sus días…